Ezpeleta

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Ezpeleta podría ser un barrio más. Pero no lo dejaron.Su geografía la atraviesan las ondas de una planta de alta tensión. Allí viven hombres y mujeres que se cansaron de pedirle a la Justicia que hiciera algo con la invisible contaminación que los estaba matando.

Llegué a Ezpeleta buscando una historia y me encontré con muchas.

La primera tarde conocí a una mujer, que con toda naturalidad decidió desnudarse para mostrarme una cicatriz íntima y profunda. Ese gesto me empujó a buscar en otros cuerpos. Otra se había ocupado de construir un mapa en el que marcaba con cruces las casas de las víctimas. A esa cartografía intenté encontrarle imágenes. A partir de entonces, algunos dejaron que se vean sus heridas, las huellas de su dolor, las marcas que exhiben casi como documentos de lo que en un tiempo supieron ser sus cuerpos enteros, sus familias completas.

Estas imágenes son parte del libro 132.000 volts, El Caso Ezpeleta, La Marca Editora, 2006.